• Adolfo Jarrín

Rupturas

Las hay de todo tipo. De negocios, de amistades, de relaciones de pareja, de trabajo e incluso familiares.

El tiempo inexorablemente nos coloca en el rol de ser los protagonistas del cambio para poder seguir evolucionando. Es inevitable enfrentar nuevos y en muchos casos  imprevistos, episodios en la vida.

Sea por decisión propia o de terceros, algo esperado o inesperado, agradable o doloroso, nuestra responsabilidad o de otros, todo entorno conocido en muchos momentos será vencido por la inexorable prueba del tiempo.

El cambio es por tanto una condición de vida. Sin flujo no hay vida. A pesar de las evidencias sobre este tema, tendemos las personas físicas y las personas jurídicas a aferrarnos a lo conocido, a preservar lo que nos ofrece seguridad y confort.

El cambio es el atributo de la vida, el desarrollo es el resultado del esfuerzo consciente por aprender para mejorar lo que hacemos, la transformación es el esfuerzo consciente por encontrarnos y liberarnos de la mente condicionada, es decir, mejorar quienes somos y la crisis es la invitación a transformarnos y no solo desarrollarnos. Estos procesos forman parte de la evolución, que se mueve en la dirección de encontrar un mayor equilibrio interno y estabilidad externa, tanto en la persona física, como en la persona jurídica.

La asimilación afectiva de cualquiera de estos cambios o rupturas con lo establecido, pone a prueba la fortaleza de nuestro mundo interior y la claridad de nuestras intenciones. Cuando somos débiles emocionalmente, cuando la culpa, que no es más que el interés que se paga por una deuda que no se tiene, nos nubla, se corre el riesgo de entrar en estados, normalmente transitorios, de debilidad emocional en el caso de las personas jurídicas y de toxicidad y confusión en el caso de las culturas organizacionales.

Ahora bien, cuando somos maduros (decidimos según el llamado de nuestro mundo interior y no de las presiones del mundo exterior), entendemos los cambios y rupturas como la invitación a la transformación. Es el momento de la pausa de reflexión que nos fortalece al crecer en auto conocimiento, en el beneficio que nos regala la soledad temporal, que calma la mente, debilita al ego y nos acerca a nuestra esencia humana. En la organización, cuando existe una cultura alineada y con significado, enfrentamos toda ruptura como la oportunidad para continuar evolucionando, nos adecuamos a los llamados desde la apertura y no desde los temores, vemos el potencial y no la pérdida, decidimos desde quienes somos (cultura) y no desde los que otros desde afuera puedan solicitar o pedir.

La vida es una colección de experiencias, que vamos desarrollando según un agregado de respuestas (proceso consciente)  y reacciones (proceso inconsciente), que van cambiando de forma mientras crecemos en seguridad y claridad personal y organizacional,  haciendo que nuestro presente se acerque a dar forma al futuro que deseamos.

Todas nuestras relaciones, desde los hijos, el jefe o la pareja, son compañeros de viaje, queda de nosotros, eventualmente y según las condiciones de vida (o muerte) dejarlas ir, despedirnos desde el amor, o decidir alejarnos, desde la compresión del inevitable proceso de crecer, ser mejores, y así, estar abiertos a lo que un mundo inmenso y maravilloso ofrece para quienes tienen la intención y la decisión necesaria para seguir evolucionando.

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