Miami Beach…

Vibra Miami Beach, el sol que nos lleva a los 90 Fahrenheit a las 11 am, cuando hace dos semanas estábamos a 52, nos invita a comprender el contraste de una ciudad cuyo puerto nos regala la vista del zarpe de uno de los mayores barcos de cruceros, con capacidad para cinco mil pasajeros, seguido de un porta-contenedores, que así al rompe diría que moviliza por el orden de 12.000 de ellos.

Ese contraste de la vida lujosa y bohemia, comercio y placer, con la diversidad propia de la permisividad en el estilo de vida. Un cielo que confunde en simultáneo y a la vista cinco aviones comerciales, dos helicópteros y tres aviones de publicidad y un mar lleno de yates, veleros y catamarans que cruzan, rumbo este y sur este, las costas de Miami Beach. Si algo trasmite la ciudad es movimiento y energía, abundancia y exuberancia.

Los lujosos rascacielos de la costa, que invitan a pensar en las fortunas que soportan su propiedad y que tienen en la mayoría de los balcones espacio sin muebles. Esa mezcla de enorme valor y escaso disfrute que llama la atención y dispara especulaciones.

Pocas ciudades son tan latinas, pocas transmiten el desparpajo de permitir libertades y excesos que se contraponen al tradicional sistema de valores del americano promedio. Miami es una ciudad rica en variedad, libre en su accionar y permisiva en su hacer. Un punto de encuentro de quienes prefieren en muchos casos el anonimato, pero también de aquellos que buscan la vitrina en la cual ver y ser vistos.

Esa ciudad que comparte su lucha por el agua con los famosos everglades y que algo dentro de mi me dice que su principal fisonomía, pudiera en un futuro no muy lejano ser bien distinta. Hoy disfruto de ella, con cautela y precaución pero con la sensación, espero equivocada, de una infraestructura que las condiciones climáticas pondrán eventualmente a prueba.

Gracias Miami, lugar de contrastes y ambiente latino, que por bastantes semanas al año nos hace sentir en casa y desde donde operamos para Latinoamérica.

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