• Adolfo Jarrín

Volar…

Sentado en la sala del aeropuerto, observo con atención una de las obras de ingeniería (y para mi de amor) posiblemente mas elaboradas y complejas que hemos diseñado y construido.

Hermosas figuras con alas, en muchos casos de más de doscientas toneladas de peso que nos transportan, nos hacen soñar y nos ayudan a crecer en la perspectiva y comprensión de la vida toda. Al menos así funciona para mi.

Máquinas (que sienten) y que han sido diseñadas para cumplir una función sin fallar, a prueba de errores y con el mínimo peso. Los grados de libertad en la ingeniería aeronáutica son menores que en el resto de las ingenierías, salvo la aeroespacial y los espacios de lo micro. Las orgullosas y altas colas inclinadas de los aviones que nos recuerdan la importancia de la aerodinámica y sus leyes, casi todas inclinadas hacia atrás. Las alas que en tierra tienen un funcionamiento contra la naturaleza de su diseño, con las fibras de su superficie superior en tensión, mientras que cuando cumplen su función, en vuelo, trabajan a compresión. La carga alar, que no es mas que el peso que soporta la unidad de superficie del ala y que denota una de las principales características de diseño y por tanto de características de vuelo. Veo los aviones y mi mente racional me lleva a los criterios de diseño, variables y números que le dieron forma.

Volar, siento que es el espacio más místico que podemos encontrar fuera de nosotros mismos. 

Cuando vuelo me es más fácil y natural convertirme en el observador de quien creo que soy. Como pasajero creo percibir que existiera un gradiente de disminución de carga emocional, algo así como si perdiera dos kilos de peso emocional por cada mil pies de altura ganada en el ascenso y que me rinde a la tranquilidad cada minuto que pasa. Una vez a la altura de crucero, todo ruido es música.

Si fuera CEO de una aerolínea, al menos una sesión de JD al año la haría en las alturas, volando. Quisiera percibir los cambios en la dinámica de la reunión, las sensaciones que genera y las decisiones que se toman. Quien no ame y comprenda lo que significa y regala volar, creo que deja menos valor del esperado o al menos merecido, en la empresa.

Como piloto privado, cada vuelo es (era, tengo ya cerca de dos años sin estar en el asiento izquierdo al mando de una aeronave),  un espacio para hablar conmigo mismo, un tiempo de agradecimiento a la vida y de profunda introspección. Cuando aprendí y empecé a volar, era el gerente general de una empresa en el área de empaque, hace ahora ya más de veinte años. A dicho proceso de aprender a volar y de lo que significa volar, le debo tal vez, el haber iniciado el proceso mismo de cuestionamiento a la gerencia vista sólo como ciencia y a la administración como mecanismo para “conectarme” con otros.

Cuando estamos arriba solos, es fácil darnos cuenta que no importa raza, religión, nacionalidad, idioma o riqueza, nada de eso cuenta, solo la capacidad de ser uno con el avion y la atmósfera para posar de nuevo sano y salvo esas, en mi caso,  2700 libras de peso en las que me convertí por la duración del vuelo, en la tierra a la cual nos debemos.

La cabina, tal vez la “oficina” en el mundo que mejor vista tiene, que mas honra a quien en ella trabaja. El/La piloto, ese ser que de pequeño impresiona y de mayor enamora. Ese ser, ella o él que tiene el privilegio de vivir en el aire el equivalente a 12 anos de días de ocho horas a lo largo de su vida. Lo escribo y me escandalizo del placer que me perdí por no haber podido ser piloto comercial.

El avión es un ser con vida propia, una mezcla de maravillosa ingeniería, con el espacio para transportar, compartir, hacer soñar y, si la cultura de la organización que opera la aeronave así lo buscara y decidiera, contribuir a trascender a todos quienes en esa maravilla volamos. Imagino al protagonista de estas ideas, ese ser que llamamos avion, luego de tal vez mas de 60.000 horas de vuelo y me pregunto, cuantas vidas alegró, cuanta gente creció en el mismo como individuo, cuantos niños soñaron despiertos y contribuyó a hacerlos felices, qué dejaron esos vuelos en el corazón de los, tal vez entre uno y tres millones de personas, que tuvieron el honor y el placer de volar una horas en el mismo? No solo me quedaría en los pasajeros/milla o en las Horas de vuelo por año, eso seria no entender de lleno el potencial del negocio en el que estamos.

Hoy visualizo como consultor el poder que tendría, el valor que generaría y el potencial de contribuir a despertar a la vida, el que las aerolíneas vieran más que pasajeros y vivieran por algo adicional a transportar o hacer dinero……el potencial de una aerolínea que se mueva hacia integrar cultura y estrategia, por la naturaleza misma de ser un “business to consumer”, pudiera y eventualmente debiera, como todo negocio,  llegar a vivir como empresa para que la gente pueda vivir sus sueños. Hacer que la gente elija volar con nosotros para de esa forma nosotros poder volar en ellos.

 Al final tenemos el honor de “transportar” seres humanos, que nos honran y regalan la oportunidad de dejar algo más que unas millas recorridas al menor costo, o de dar el acceso a otras ciudades o países. Las aerolíneas tradicionales enfrentan la competencia de las denominadas “bajo costo”. A mi me resuena mucho mas y espero haberme acercado a transmitirle que tal vez en operar con “alto impacto’ se pueda diferenciar un negocio ya visto como un “commodity”.

Volar, que felicidad, en dos horas sale mi vuelo……

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